Oír o Escuchar 👂
Conversaciones Difíciles
Soy de las personas que piensan que la mayoría de las conversaciones incómodas podrían evitarse si tal vez aprendiéramos a comunicarnos mejor. (Bueno, antes ni siquiera pensaba en eso, pero uno va cambiando)
Tenemos un lenguaje demasiado rico en palabras, expresiones y formas. Y personalmente creo que se nos enseña mucho a “escribir correctamente”, a “hablar correctamente”, a cuidar lo que decimos… Nos enseñan dicción y cosas de estilo…
Los que fuimos formados en Derecho aprendemos rápidamente muchísimo sobre expresión corporal porque, al final, todo comunica. Incluso la ropa que te pones.
Y creo que a veces nos quedamos ahí…
en cómo comunicar.
Pero entonces, ¿dónde queda el escuchar?
Hablo desde mis experiencias, claramente. Y desde ahí puedo ver cómo hay un poco de egoísmo en sólo prestarle importancia al “cómo comunicarme bien” y tan poca al “cómo permitirle al otro hacerlo”.
Cómo escuchar al otro. Cómo validar sus puntos aunque no estén alineados con los míos. O algo incluso más simple: cómo aconsejar desde lo que el otro necesita y no desde mi propio punto de vista.
Porque al final, difícilmente puedo hacer eso si ni siquiera estoy escuchando realmente.
¡Me declaro culpable!
Cuando estaba en el colegio, la profesora de español siempre marcaba profundamente la diferencia entre oír y escuchar. Nunca trató esas palabras como sinónimos y, de tanto escucharla, creo que crecí con eso muy dentro de mí.
PERO, lo peor de esta breve historia es que siento que durante gran parte de mi vida me la pasé oyendo, pero no escuchando. Y eso, por supuesto, me ha traído bastantes momentos incómodos, conversaciones difíciles, malos entendidos y pérdidas de tiempo.
Porque aunque usamos ambas palabras como si fueran lo mismo, creo que en realidad viven en lugares completamente distintos.
Oír es automático. Es algo mecánico.
El cuerpo lo hace solo.
Oímos carros, notificaciones, conversaciones ajenas, el televisor de fondo, gente hablando mientras hacemos otra cosa.
Pero escuchar…
escuchar requiere intención.
Y creo que muchos de los problemas que tenemos entre nosotros empiezan justo ahí. No siempre porque las personas sean malas o porque exista intención de herir. Muchas veces simplemente porque nadie escuchó realmente lo que el otro estaba tratando de decir.
Solo lo oyó.
Pienso en parejas que terminan discutiendo por cosas que jamás fueron dichas de la manera en que fueron entendidas.
En reuniones de trabajo donde todos responden, pero nadie parece haber entendido el verdadero problema.
En conversaciones donde dos personas hablan al mismo tiempo emocionalmente, aunque una de ellas permanezca en silencio.
Y sí, es verdad que cada persona interpreta desde sus experiencias, sus heridas y su historia.
Pero también creo que hay algo que rara vez admitimos: somos terriblemente malos escuchando.
Vivimos demasiado rápido y demasiado a la defensiva.
Mientras alguien nos habla, estamos pensando en lo que vamos a responder. O tenemos la mente puesta en el correo pendiente, en algo que pasó ayer, en el mensaje que no hemos contestado, en la ansiedad, en el cansancio, en nosotros mismos.
Estamos presentes físicamente, pero mentalmente en otro lugar.
Y creo que eso afecta muchísimo más de lo que pensamos. Porque el cerebro no maneja tan bien la atención dividida como creemos. Cuando escuchamos a medias, terminamos completando vacíos solos. Interpretamos tonos, asumimos intenciones y muchas veces reaccionamos a cosas que el otro realmente nunca quiso decir.
Y ahí empiezan muchos problemas.
Escuchar no es simplemente quedarse callado mientras el otro termina de hablar.
Escuchar es prestar atención.
Es intentar entender antes de responder.
Y de hecho, no siempre tenemos que responder. No siempre hay una respuesta inmediata. A veces bastaría con asegurarnos de haber entendido bien antes de interpretar.
Pero escuchar también es notar el tono, las pausas, las contradicciones, las cosas que alguien dice tratando de no decir directamente. Podría decir que es casi una forma de autocuidado. A veces, cuando realmente te detienes a escuchar, empiezas a entender mejor quién tienes al frente.
Notas cuando alguien evita ciertas palabras.
Cuando algo no encaja.
Cuando hay sinceridad.
Cuando hay resentimiento.
Cuando alguien pide ayuda sin pedirla explícitamente.
Hay cosas que solo se revelan cuando uno deja de vivir tan distraído.
Y honestamente, entiendo por qué nos cuesta tanto.
El mundo actual destruye la atención.
Todo compite por ella.
Todo quiere interrumpirnos.
Todo nos entrena para reaccionar rápido, responder rápido, consumir rápido, pasar rápido a lo siguiente.
Y creo que eso también está afectando profundamente nuestra forma de relacionarnos. Porque escuchar profundamente va casi en contra del ritmo moderno.
Escuchar tendría que ser un arte verdaderamente. Tendría que ser algo a lo que le prestemos tanta atención como al hablar. Incluso entrenarnos para ello.
Tal vez por eso se siente tan raro —y tan valioso— cuando alguien realmente nos escucha.
Cuando alguien no está esperando únicamente su turno para hablar.
Cuando alguien no intenta corregirnos inmediatamente.
Cuando alguien simplemente permanece ahí, presente.
Últimamente he tratado de escuchar mejor.
No siempre lo logro.
Muchas veces sigo interrumpiendo mentalmente aunque permanezca en silencio por fuera.
Muchas veces sigo respondiendo demasiado rápido.
Pero cada vez entiendo más que escuchar bien es una forma de amar a otros.
Y también una forma de entender mejor el mundo, con menos ruido.
Gracias por seguir aquí.
Por leerme sobretodo cuando escribo taaaan largo.
Por no haberte ido durante mi, otra vez, extensa ausencia.
Recuerda tomar agua, por favor.
Gigi 🧡


Me encantó este post!! Es impresionante la cantidad de cosas que se han visto afectadas como consecuencia del rápido (o lento?) deterioro de nuestra atención. Desde hace un rato he sido consciente de lo mucho que la pérdida de nuestras habilidades sociales nos ha convertido en seres incómodos al interactuar, pero no había pensado que en parte es porque quizás se nos está olvidando cómo escuchar. Y hay algo que siempre está ligado de alguna forma al tema de la presencia: el no estar presentes (mentalmente) nos convierte en masas humanas carentes de significado y, por lo tanto, no podemos amar (o escuchar) con propiedad. Gracias por esta reflexión 🦦
Una de las razones principales de los problemas conyugales o de pareja es la mala comunicación. Y tiene que ver directamente con no saber escuchar. A veces no nos damos cuenta de que el otro intenta decirnos algo , mientras nosotros , ausentes, solo oimos. Lo mismo en el trabajo, el jefe nos habla y nosotros no escuchamos. Y hacemos todo al revés y a pagar luego las consecuencias.
Tu lectura trata un tema muy actual, muy importante, muy real: no sabemos comunicarnos.
Si tan solo pusieramos de nuestra parte un poquito mas de interes, voluntad y compromiso para escuchar activamente , podríamos aportar, sugerir, ayudar y ser parte de la solución en lugar de no aportar nada. Es un compromiso que deberíamos asumir desde nuestra posición como pareja, como empleado, como proveedor, como jefe o subordinado, como cliente. Menos oir y mas escuchar!