Opinión impopular
Pensamientos personales de una campaña presidencial.
El próximo domingo son las elecciones presidenciales en mi país y, aunque no vengo a hablar de política ni a contarte sobre mi ideología, sí tengo en la cabeza la necesidad de escribir esta reflexión. Una reflexión bastante más visceral que correcta.
Lo primero que necesito decir es que ninguna de las candidatas me representa como mujer. Y ya sé que eso no tiene por qué importar demasiado porque no deja de ser una percepción personal. Pero honestamente, viendo todo lo que ha pasado alrededor de esta campaña, sí he pensado mucho en lo mal paradas que estamos quedando las mujeres en esta conversación.
Es simple: hay mujeres que llegan a ciertos espacios y elevan la conversación. Pero hay otras que, tristemente, parecen reducirla haciendo que todo se sienta mucho más pequeño, más emocional, más caótico de lo que debería ser.
Y antes de que alguien malinterprete esto: no estoy diciendo que las mujeres no podamos emocionarnos, reaccionar o equivocarnos. Obviamente sí. Todos lo hacemos. No se trata de escondernos ni de desdibujar nuestra naturaleza.
Pero también creo que hay una diferencia enorme entre ser emocionalmente humana y no saber sostenerte cuando tienes presión, poder y exposición pública encima.
Ahí es donde todo se vuelve tan frustrante para mí. Porque todavía hay demasiada gente esperando exactamente eso de una mujer: el momento perfecto para confirmar que es emocional, impulsiva, inestable o incapaz de liderar con racionalidad.
Y sí, ya sé que eso es injustísimo. Porque a los hombres rara vez se les mide así. A un hombre emocional le dicen “temperamental”, “fuerte”, “decidido”. Pero cuando se trata de una mujer, esas características son armas que se usan indiscriminadamente para destruir completamente su credibilidad.
El punto es que liderar también implica saber regularse. Saber pensar con claridad bajo presión. Saber sostener conversaciones difíciles sin convertirlas en espectáculo emocional.
Durante años muchísimas mujeres han tenido que demostrar el doble de capacidad para abrirse espacio en cualquier industria, empresa o posición de poder. Han tenido que demostrar que liderazgo femenino no significa caos ni histeria ni odio hacia los hombres ni inestabilidad emocional.
Muchas mujeres han trabajado para mostrar que una mujer puede dirigir desde la serenidad, la inteligencia, la competencia y el dominio propio.
Pienso, por ejemplo, en mujeres como Safra Catz o Indra Nooyi. Mujeres que han manejado poder, altísima presión y responsabilidades gigantescas sin necesitar convertir cada conversación en una batalla emocional y de manipulación.
Por eso resulta tan frustrante cuando algunas figuras públicas terminan reforzando exactamente aquello que tantas otras intentaron desarmar.
Lo difícil es que, nos guste o no, cuando una mujer ocupa espacios tan visibles, nunca se representa únicamente a sí misma. Termina afectando, para bien o para mal, la percepción que mucha gente construye sobre las demás.
Y honestamente, después de tantos años viendo mujeres brillantes abrirse camino con inteligencia emocional, autocontrol y una capacidad muy superior… sí da tristeza sentir que la conversación retrocede otra vez.
Supongo que todo lo que ha estado ocurriendo al rededor de esta campaña me dejó pensando menos en política y más en lo fácil que es retroceder años enteros en una conversación.
Sobre todo para las mujeres que tenemos que entrar permanentemente a ciertos espacios cargando prejuicios que otras ayudaron a reforzar.
Por supuesto esto no es para controversia; es simplemente mi forma de leer un momento electoral. Una opinión personal. Mía. Atravesada por mi experiencia, mi percepción y mi forma de ver las cosas.
Tan válida como otras, aunque sea completamente distinta.
-Gigi-


Me gusta tu incomodidad...
¿Colombia?